Tras su primera conversación en la cena de ayer, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, habían retomado este jueves la segunda jornada de su cumbre en Vietnam. En el mismo hotel donde se encontraron anoche, el Metropole de Hanói, se han reunido a las nueve de la mañana (tres de la madrugada, hora peninsular española) para seguir discutiendo sobre el desarme nuclear de Corea.
Aunque ambos prometieron ante las cámaras que habían hecho un gran esfuerzo y esperaban que el resultado fuera positivo, finalmente las conversaciones se han roto. Respondiendo a la pregunta de un periodista presente en el encuentro sobre sus expectativas de la cumbre, algo insólito para él, Kim Jong-un señaló que «es demasiado pronto para decirlo, pero no diría que soy pesimista. Lo que siento ahora es que tengo el presentimiento de que saldrá un buen resultado».
El objetivo máximo, y más difícil, de la cumbre era cerrar el reactor nuclear de Yongbyon con unos plazos concretos a cambio de levantar las sanciones que están asfixiando la economía norcoreana. Más fácil parecía el otro asunto sobre la mesa: la firma de un acuerdo de paz que pusiera fin oficialmente a la guerra de Corea, que acabó en 1953 solo con un armisticio y ha lastrado desde entonces las relaciones entre ambos países. Ahora parece que no se firmará ni lo uno ni lo otro.
