Gracias a la ayuda de la alcaldía de la capital mexicana, que ha destinado unos 300.000 euros para asistir a los inmigrantes, los miembros de la primera de las hasta cuatro caravanas de centroamericanos que cruzan México camino hacia el norte descansan sus adoloridos pies tras la dura travesía. La autoridades de Ciudad de México reparten unas 15.000 comidas calientes –desayuno, comida y cena– entre los inmigrantes, además de proveerles de asistencia médica, ropa y de una enorme carpa en la que se protegen del frío. En la noche la temperatura puede situarse por debajo de los 10 grados, un frío que Bryan nunca ha sentido.
Sanar las heridas
«No recuerdo la última vez que me había puesto un abrigo», ríe Bryan, de 22 años y procedente de San Pedro Sula en Honduras, una de las ciudades más peligrosas del mundo. Desde que los primeros integrantes de la caravana llegaron el domingo pasado, varias ONGs mexicanas han donado toneladas de ropa que resulta extremadamente codiciada por los centroamericanos. Bryan, por ejemplo, salió de casa con poco más que unas zapatillas, una sudadera y una pequeña mochila. «Las cobijas [mantas] es lo más importante para nosotros. No sabía que en México pudiera hacer tanto frío», asegura el joven.
Se estima que en Ciudad de México debe de haber ya unos 5.000 miembros de la primera caravana y en los próximos días se espera que lleguen varios más. Los organizadores esperan así sanar las heridas sufridas en el camino mientras deciden qué harán finalmente: seguir a Estados Unidos o quedarse en México. Hasta ahora, el gobierno mexicano les ha ofrecido un permiso de trabajo temporal, pero estaría limitado a los pobres estados de Tabasco y Chiapas, una propuesta que no seduce a muchos inmigrantes. «Si me quedo en México es para a Monterrey [norte] que ahí la economía esta buena», comenta uno de los inmigrantes a ABC.
Otros, como Mariana y Julio, su marido, prefieren jugársela e intentar entrar en Estados Unidos. «Tenemos que ganar dinero para mandárselo a nuestros familiares en Honduras», dicen. Y es que mientras que el salario mínimo en México apenas llega a 5 dólares al día, en Estados Unidos ronda los 10 dólares la hora dependiendo de cada estado. «Con lo que pagan en México no nos alcanzaría», concluye la pareja.
Asamblea general
Para definir el futuro de la caravana, sus integrantes planean celebrar una asamblea general en los próximos días y tomar una decisión al respecto. Son conscientes de que su gran fuerza reside en ser un gran grupo, lo que les permite protegerse de las autoridades migratorias e, incluso, presionar al gobierno de México para que les presente una oferta de asilo más suculenta. Ir a Estados Unidos o quedarse en México, la moneda está en el aire. Y mientras gira, los centroamericanos recobran fuerzas.
