Cada día que pasa, la economía norteamericana se hunde un poco más, con los mercados a la baja, el crédito hundido, el comercio paralizado y una destrucción de empleo de la que sólo se sabrán las cifras reales pasadas unas semanas. Y aun así, el Senado acabó su jornada el domingo sin un acuerdo ansiado por los estadounidenses. Los demócratas han obstruido la aprobación de la ley de estímulo tal y como está concebida porque según dicen se centra en ayudas a las grandes compañías, y no a los asalariados y autónomos.
Tras dos semanas de negociaciones entre los líderes de ambos partidos y la Casa Blanca, las partes han aceptado un paquete de estímulo que asciende ya a dos billones de dólares (1.860 millones de euros) entre los que se incluyen 350.000 millones para pequeñas y medianas empresas; pagos directos de 1.200 dólares a los afectados (3.000 sin son familias de al menos cuatro miembros) y 110.000 para empresas hospitalarias, entre otros.
El problema para los demócratas, sobre todo los más izquierdistas, es que en esa ley se incluyen ayudas a grandes empresas mucho mayores que las reservadas a los asalariados y autónomos. «No podemos aprobar una serie de ayudas que simplemente se convertirán en dinero de caja para empresas como las de Donald Trump y sus familiares, o para que el departamento del Tesoro se las entregue a los amigos del presidente», dijo la senadora demócrata por Massachusetts, Elizabeth Warren. «Debemos ayudar a los trabajadores y a los hospitales», añadió.
El líder republicano Mitch McConnell, senador por Kentucky, le respondió: «No podemos permitirnos jugar al gato y al ratón justo en este momento».
