Se trata de una crisis moral grave, con antecedentes trágicos: la tasa de suicidios se ha «estabilizado» durante la última década, con niveles de angustia íntima siempre semejante, un suicida por semana.
Todos los estudios sociológicos denuncian las condiciones ansiógenas del trabajo de las fuerzas del orden: durante el último año y medio, se suceden, cada fin de semana, manifestaciones de protesta (chalecos amarillos, primero; contra la reforma del sistema nacional de pensiones, más tarde) que siempre o casi siempre terminan con intervenciones expeditivas de las fuerzas antidisturbios, la Gendarmería y unidades policiales especializadas.
Desde el último semestre se suceden las manifestaciones de solidaridad y alerta de los sindicatos de policía, pidiendo «socorro» en silencio, pero con firmeza.
Ante la prolongación de la crisis, han surgido nuevas iniciativas de ayuda y solidaridad: una asociación destinada al apoyo mutuo entre colegas, y la creación de una página en Yahoo: «SOS Policiers en détresse» (SOS, Policías angustiados).
Amigos, colegas, compañeros, intentan crear nuevas fórmulas de solidaridad y acompañamiento, ante las crisis de angustia íntima, solitaria, transformándose, una vez por semana, en tragedias ensangrentadas.