Maduro y sus mariachis llevan a cabo la represión con suavidad, sin estridencias, al ritmo de esa salsa caribeña que tan bien baila el líder chavista ante las cámaras de la televisión pública cuando las cosas le pintan feas. Josep Borrell afila sus ojos de coyote, junta los labios «en cul de poul» y silabea que Estados Unidos no puede seguir comportándose con Venezuela como un cowboy del Oeste: «miren que si no desenfundo». Pero este serial se parece más a un «spaghetti western» que a un clásico de Hollywood. Habrá tiros pero no cargas de indios. Que no se preocupe la Moncloa, que no habrá intervención militar norteamericana sin el respaldo de las grandes capitales europeas.
Se lo ha recordado a Borrell el enviado especial norteamericano para Venezuela, Elliott Abrams. «La única intervención militar que tenemos es la cubana», ha dicho el veterano diplomático, al referirse a los 22.000 agentes que La Habana tiene infiltrados en Venezuela según la OEA. Sí. Pongamos fin a la intervención militar extranjera para que las dos partes negocien. Hagamos lo necesario para que se vayan de Venezuela los militares cubanos y rusos.
