«No está loco. Es un asesino. El deber de un padre es proteger a sus hijos», apuntó el procurador general del caso, Shawn Graham, contra los argumentos de la defensa del acusado, que arguye que Jones padecía una esquizofrenia no diagnosticada. Tras iniciarse el juicio esta semana, el sospechoso se enfrenta ahora a la pena capital.
Según la confesión de Jones, la noche de los hechos se habría enfadado con una de las víctimas, de seis años de edad y, tras asfixiarla, procedió a hacer lo mismo con el resto. Después, los metió en el maletero de su todoterreno y condució durante los siguientes siete días con ellos a bordo hasta decidirse a enterrarlos en un paraje en Alabama. Ninguno de los menores superaba los ochos años. Jones fue finalmente detenido en un control fronterizo, cuando las autoridades detectaron un fuerte olor a sangre en el interior del vehículo. Al inspeccionarlo, los agentes hallaron restos de gusanos y marihuana sintética. El sospechoso fue inmediatamente puesto a disposición judicial.
