Ocho historias legendarias que puedes leer en las constelaciones

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Le recomendamos que, cuando caiga la noche, levante la vista hacia el cielo. La luz que llega a sus pupilas ha viajado durante mucho tiempo por el oscuro espacio hasta llegar a su retina, en ese preciso instante. Una retina hecha de átomos que fueron fabricados en miles de estrellas que ya han muerto. Pero ahí arriba, hay otras estrellas titilando. Algunas muy alegremente, como Sirio, y otras más tímidamente, como Polaris. Es una lástima, pero si su visión nocturna se lo permitiera, podría captar los colores de las estrellas, azules, rojas, amarillas, o los tonos del fondo.

Aun así, hay mucho que ver en el cielo blanco y negro, cada noche. Quizás por ello, Thomas Carlyle escribió: «¿Por qué nadie me enseñó las constelaciones, para hacerme sentir como en mi casa en los cielos estrellados que, siempre sobre nuestras cabezas, hoy apenas conozco»?

Susanna Hislop y Hannah Waldron tratan de ponerle fin a este desconocimiento con su «Atlas de las Constelaciones» (Errata Naturae). En un libro preciosamente ilustrado por Waldron, Hislop recuerda muchas de las maravillosas historias que nuestros ancestros escribieron en las constelaciones y asterismos, y que reflejan sus distintos modos de entender el mundo.

Del «Almagesto» a los telescopios
Muchas de ellas llegaron hasta nosotros gracias al trabajo del astrónomo Claudio Ptolomeo, quien, en el año 150 a.C., compuso un tratado que agrupó todo el conocimiento grecolatino en la materia y que creó un catálogo con más de 1.000 estrellas agrupadas en 48 constelaciones, basado sobre todo en las observaciones de Hiparco de Nicea. Esta obra, llamada Math matik Syntaxis, se conservó en manuscritos árabes y pasó a llamarse Almagesto.

«Nunca sabremos de qué forma las historias relatadas miles y miles de años atrás por nuestros ancestros –mientras observaban la vasta oscuridad sobre sus cabezas desde montañas, desiertos o las polvorientas calles de antiguas ciudades–, se transformaron en las leyendas que Ptolomeo identificó de manera tan precisa en su Almagesto», escribe Susanna Hislop. «Ni cómo los animales, dioses y héroes que fueron venerados en Asiria, Babilonia o el Antiguo Egipto se abrieron camino a través de los mares y los siglos hasta permear la esencia de la Grecia clásica».

Tampoco se sabe por completo cómo adquirieron sus nombres romanos y cómo evolucionaron después. «Los árabes, los monjes medievales, los viajeros intrépidos del siglo XVI y los astrónomos de la Ilustración con sus telescopios, todos retocaron las historias siderales del pasado», continúa Hislop en «Atlas de las Constelaciones».

Más allá del occidente del mundo, el resto de culturas tenía su propia visión del cielo nocturno. «Los antiguos chinos tenían un sistema astronómico igualmente complejo y totalmente distinto, mientras que universos completos de mitos indígenas, tan a menudo ignorados por los colonizadores, han comenzado desde hace poco a contarse fuera de las culturas que los inventaron».

Las 88 constelaciones actuales
Durante el siglo XX los telescopios y la ciencia transformaron nuestra forma de ver las estrellas, con el descubrimiento de miles de estos objetos y de cientos de galaxias. Ya en 1922, la Unión Astronómica Internacional fijó 88 constelaciones formales, y las definió después como áreas de la esfera celeste ubicadas de manera precisa, para diferenciarlas de los asterismos, simples patrones unidos por líneas imaginarias.

En la actualidad, los instrumentos permiten observar las estrellas y las galaxias más jóvenes del Universo, cuya luz ha tardado miles de millones de años en llegar hasta nosotros. Hemos descubierto que casi todas las estrellas que vemos albergan sistemas solares de varios planetas. Paradójicamente, el progreso y el crecimiento de las ciudades están iluminando las noches y haciendo cada vez más difícil poder ver el cielo nocturno. Hasta tal punto que varios investigadores han alertado de que en el futuro será casi imposible ver la Vía Láctea, o sobrecogerse y asombrarse ante la belleza de las estrellas, tal como la humanidad lleva milenios haciendo. Por eso, le animamos, de nuevo, a disfrutar del cielo.

La forma más sencilla de encontrar las constelaciones y objetos que comentaremos es usar mapas estelares o aplicaciones astronómicas para su móvil, como Google Skymap, Mapa estelar, Star Walk 2, Vortex o Night Sky. Sobre todo porque algunas constelaciones o asterismos aparecen en invierno pero no en verano, o viceversa.