Un calvario judicial que la disidente ha sobrellevado gracias a su fe. Preguntada por este diario, afirma que «ser cristiana es una manifestación en la vida diaria. No es un dicho, o una práctica de ir a la Iglesia: hay que ser cristiano a los ojos de todo el mundo. Algunas personas analizan cómo he atravesado los problemas de mi vida, dos prisiones y el hostigamiento del que he sido objeto. Yo le digo a algunos amigos que soy como Frankenstein; estoy averiada por todos lados de los golpes que me ha dado la dictadura, pero en mí Dios da un testimonio al mundo de lo que significa la fe». Y recuerda a las drogadictas con las que coincidió en prisión a las que prestaba su ejemplar de la Biblia para «que tuvieran algo de espiritualidad y tranquilidad», pues eran padecían estado de abstinencia.
Mucho más severa se muestra cuando aborda la situación actual de la disidencia cubana: «Está en uno de sus peores momentos. Peor que en años anteriores, más debilitada, como es lógico». Una debilidad que achaca, entre otros motivos, a la actitud de algunos exiliados y de otros que no han podido marcharse. «Hay que ser objetivos: en primer lugar, la disidencia estuvo formada por muchísimas personas que querían un tránsito, quería que estuvieran en un lugar donde al moverse, cayeran en Estados Unidos. Es una realidad que no debemos ocultar». «Lo que sucede», añade, «es que, al cerrarse todos los caminos que llevan a Roma, o mejor dicho, a Miami, pues estas personas han dejado de tener interés en estar dentro de la disidencia. Algunos se han retirado. Otros se mantienen, pero sin hacer lo que se hacía antes». Sin embargo, apunta a un halo de esperanza a través de nuevos grupos formados en su mayoría por jóvenes opositores. Señala en particular al «Movimiento San Isidro», de cuyos integrantes destaca la forma en que se comunican con el pueblo. Estos disidentes prefieren impartir consignas –a través de carteles- relacionadas con los problemas diarios de la gente, como la falta de productos alimentarios o farmacéuticos, antes que lanzar proclamas genéricas contra los Castro o llamamientos a favor de los Derechos Humanos. «Una suma de problemas que ayudan a que el pueblo comprenda mejor lo que está pasando dentro del país y las promesas incumplidas de la dictadura», asegura la galardonada
