«Estamos aquí por dignidad. Por dignidad y por orgullo. Este es nuestro país y nos lo han robado. No queremos más a Buteflika y a quienes conspiran a su lado», explicó a la agencia Efe Amal, una funcionaria de mediana edad. Residente en una de las zonas altas y acomodadas de la capital, Amal bajó en familia, con su marido, padres e hijos pequeños, para sumarse a las riadas de jóvenes y no tan jóvenes que concluida la oración preceptiva de los viernes (día sagrado musulmán) convergieron en la plaza de la Grand Post, en el centro de Argel. Otras riadas humanas, igualmente en ambiente festivo bajo el primaveral sol de Argel, desbordaron arterias como Krim Belkacem, que conduce hacia el Palacio del Pueblo, a la presidencia y la sede del gobierno, fuertemente custodiados.
El despliegue era ayer especialmente intenso también en el paseo marítimo a la altura del bulevar Zaghoud Youcef, en el que se encuentran el Parlamento y la sede de la gobernación de Argel, entre otros edificios oficiales. En el momento en el que cualquiera de las corrientes trataba de desviarse y eludir estos controles, la Policía, apoyada por unidades antidisturbios y cientos de agentes vestidos de civil, lanzaba botes de gas pimienta para frenar a los manifestantes. «No pararemos, no hay nadie que pueda ya parar a un pueblo que ha decidido despertar y buscar su futuro», explicó a Efe uno de los manifestantes.
Las protestas contra las aspiraciones de Buteflika arrancaron el viernes de la semana pasada en Argel con la mayor marcha que se recuerda en la capital en la última década. El martes, miles de estudiantes universitarios y de secundaria de todo el país marcharon igualmente contra la candidatura del anciano y enfermo mandatario, elegido hace ya dos décadas.
El jueves pasado, una veintena de periodistas fueron detenidos por la Policía-y liberados horas después- cuando protestaban en el centro de Argel contra el quinto mandato y la «represión del régimen a la libertad de prensa».
Horas después, el primer ministro argelino, Ahmed Ouyahia, volvió a advertir a los ciudadanos con un discurso alarmista en el que aludió a los días previos al estallido de la guerra civil (1992-2002), una época conocida como el «decenio negro» en la que murieron más de 300.000 personas y decenas de miles desaparecieron.
Ouyahia, que admitió que las protestas se asientan en una derecho constitucional, sacó asimismo a colación el inicio de la revuelta en Siria, que dijo «también empezó con rosas» en alusión a una foto de una argelina con una flor frente a la Policía que se ha hecho viral en redes.
La movilización, que ayer se repitió en la mayoría de ciudades del país, tiene lugar en ausencia del propio Buteflika, quien el pasado domingo fue trasladado a un hospital de Suiza para someterse a lo que el «círculo de poder en Argelia» califica de «revisiones médicas rutinarias». Sin embargo, todo apunta a que su estado de salud es muy delicado.
La estabilidad en Argelia es clave para España: el 60 por ciento del gas que importa procede del país norteafricano.
