El órdago del «premier» llega un día después de que sufriera una vaparapalo en la Cámara de los Comunes, donde los diputados echaron por tierra sus últimas esperanzas para conseguir que el Brexit se produjera el próximo 31 de octubre, tal y como había prometido a los británicos con afán e insistencia.
Los laboristas, según se supo también ayer, barajan evitar que haya nuevas elecciones hasta 2022, cuando está fechada la próxima cita de los británicos con las urnas. Su intención es impedir que Johnson salga reforzado de unos comicios que auguran un cómodo resultado a los conservadores.
El gran obstáculo
Lo cierto es que Johnson necesita desbloquear la situación en el Parlamento, convertido en el principal escollo para hacer realidad la ruptura con Bruselas, y que ese descanso solo se lo concedería una mayoría más cómoda. Su antecesora, Theresa May, ya sufrió las zancadillas de la Cámara, donde se rechazó hasta en tres ocasiones su acuerdo de Brexit, derrotas que forzaron su dimisión.
El caso del actual primer ministro es ligeramente distinto. El pasado martes, los diputados se mostraron favorables a tramitar el acuerdo de Brexit que Johnson ha alcanzado con Bruselas. Ese deseo, sin embargo, no significaba que lo apoyasen, porque ese respaldo debía manifestarse a través de una votación distinta, que estaba prevista para este jueves y que finalmente no se produjo. El motivo: que poco después de su primera victoria, los diputados manifestaron su rechazo a que el acuerdo de Brexit se aprobase en tan solo tres días, como había rogado el «premier» en varias ocasiones.
