El objetivo de la computación cuántica es realizar ciertas tareas exponencialmente más rápido que las computadoras clásicas convencionales. Para lograr este objetivo, es necesario abordar una serie de desafíos, como generar un gran espacio computacional mientras se mantienen bajas las tasas de error y crear una prueba de referencia que debería ser difícil para una computadora clásica pero fácil de completar para una computadora cuántica.
Para lograrlo, John Martinis y sus colegas fabricaron un procesador compuesto por 54 qubits, o bits cuánticos, que aprovechan la superposición cuántica y el entrelazamiento para explorar un espacio computacional exponencialmente mayor que el que es accesible con los bits clásicos. Como un qubit no funcionó correctamente, el dispositivo funcionó con 53 qubits.
El equipo desarrolló procesos de corrección de errores para mantener altas fidelidades operativas (hasta 99,99%). Para probar el sistema, diseñaron una tarea de muestreo de números aleatorios, donde los números son producidos por un circuito cuántico, que se vuelve cada vez más exigente para las computadoras clásicas a medida que aumenta el número de qubits en el circuito. El procesador cuántico recolectó un millón de muestras de un circuito cuántico en aproximadamente 200 segundos, lo que le habría llevado a una supercomputadora de última generación ¡unos 10.000 años!
«Esta demostración de la supremacía cuántica sobre los algoritmos clásicos líderes de hoy en día en las supercomputadoras más importantes del mundo es realmente un logro notable», escribe William Oliver, autor de un artículo de opinión que acompaña al artículo principal en «Nature». Sin embargo, señala que se necesita hacer más trabajo antes de que las computadoras cuánticas se conviertan en una realidad práctica, como producir operaciones sostenidas y tolerantes a fallos.
A su juicio, esta demostración recuerda en muchos aspectos los primeros vuelos de los hermanos Wright. Como explica, su avión, el «Wright Flyer», no fue el primer vehículo aerotransportado en volar, y no resolvió ningún problema urgente de transporte. Tampoco anunció la adopción generalizada de aviones ni marcó el principio del fin para otros modos de transporte. En cambio, demostró una nueva forma de hacer las cosas: el vuelo autopropulsado de un avión que era más pesado que el aire. «Lo que representó, más que lo que prácticamente logró, fue lo más importante. Y así es con este primer informe de supremacía cuántica», asegura.
