Según el modelo parlamentario francés, el Gobierno propone sus proyectos de Ley a las dos cámaras del Parlamento, AN y Senado. Que deben aprobar el proyecto, matizándolo, ocasionalmente. Si ese debate se prolonga, el Gobierno puede recurrir al artículo 50-1 de la Constitución, que le permite imponer un «decretazo» para «poner fin» a unos debates parlamentarios que pudieran prolongarse «indefinidamente».
La semana pasada, la AN aprobó con 368 votos a favor, 100 en contra y 103 abstenciones el proyecto de desconfinamiento propuesto por Édouard Philippe. La tarde del lunes, el Senado rechazo ese proyecto con 89 votos en contra, 81 a favor y 174 abstenciones.
El rechazo del Senado a su plan de desconfinamiento pone a Emmanuel Macron en una situación política delicada.
La «segunda fase» del desconfinamiento, que debiera comenzar el lunes día 11, puede confirmarse. Pero el presidente y su Gobierno entran en una fase de turbulencias inflamables.
El presidente Macron ha presentado a debate todas las grandes decisiones políticas, económicas y sanitarias ante las dos cámaras del Parlamento. Con éxito. Hasta la tarde del lunes, cuando estalló un amago de crisis y resistencia.
El Gobierno puede seguir adelante con su proyecto de desconfinamiento, paralelo a la prolongación del Estado del estado de urgencia sanitaria, que tiene previsto prolongar hasta finales de junio.
Macron tiene mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, donde no existe resistencia ni oposición significativa. La derecha tradicional es mayoritaria en el Senado, donde es muy visible una suerte de fragmentación política. Rechazando el proyecto de desconfinamiento, el Senado levanta un «hacha de guerra» no solo simbólica.
