La que quedó enterrada fue la propuesta del partido laborista, que apoyaba la creación de una unión aduanera común con la UE, y que fue derrotada por 323 en contra y 240 a favor. Será ahora cuando la formación de Jeremy Corbyn apoye, como este aseguró a sus diputados a principios de esta semana, la celebración de un segundo referéndum. Lo que no ha aclarado es de que forma lo hará.
Entre las enmiendas no seleccionadas por el presidente de la Cámara, John Bercow, estuvo una que hubiera ayudado a Corbyn a iniciar esa campaña de defensa de un segundo plebiscito. Bercow rechazó la presentada por el recientemente creado Grupo Independiente (formado por ex laboristas y ex tories que dimitieron la semana pasada) y que pedía debatir antes del 8 de marzo sobre devolver la decisión a la ciudadanía.
Mientras, las declaraciones más sorprendentes de la jornada las aportó el diputado conservador Jacob Rees-Mogg, uno de los líderes de la facción más euroescéptica de los conservadores y que se mostró más abierto a dar su visto bueno al acuerdo de May. Rees-Mogg afirmó que si la primera ministra británica llega al Parlamento con cambios legales sobre la «salvaguarda» de la frontera irlandesa podría estar dispuesto a dar su voto favorable. Una postura completamente diferente a la oposición frontal que había mostrado hasta ahora.
