El secretario de Estado estadounidense viajó a Kabul a comienzos de semana y castigó a las autoridades del país con la retirada de 1.000 millones en ayuda humanitaria por su incapacidad de formar un
gobierno de unidad. Ashraf Ghani y Abdula Abdula se autoproclaman presidentes tras las últimas elecciones, aunque es el primero quien goza del visto bueno de la comunidad internacional. El jefe de la diplomacia estadounidense pasó después por Qatar, donde se reunió con los talibanes y, pese al balance sangriento de este mes para las fuerzas afganas, valoró de forma positiva la marcha del acuerdo porque «no ha habido ataques contra las fuerzas estadounidenses desde el acuerdo de paz». Ahora sus ataques se centran en Ejército y Policía locales.
El castigo de Pompeo obligó a Ghani a mover ficha y, después de semanas de bloqueo, accedió a poner en marcha el intercambio de prisioneros sin exigir a los talibanes un alto el fuego previo. La Secretaría de Estado para la Paz del Gobierno de Afganistán anunció además los nombres de las 21 personas que componen la lista del equipo que negociará un acuerdo de paz. Nadie ha podido aclarar hasta ahora dónde, ni cuándo se celebrará este encuentro, pero Masum Stanakzai, exjefe de la agencia de Inteligencia afgana, es la persona elegida por Ghani para liderar su equipo. Se desconoce si tiene o no el respaldo de Abdula Abdula.
Rechazo talibán
El enviado especial de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, felicitó al Gobierno por «forjar un equipo integrador de negociación para las conversaciones», en el que figuran cinco mujeres, pero los talibanes rechazaron una vez más el diálogo directo. El portavoz insurgente, Zabihullah Mujahid, declaró que no negociarán con estas 21 personas porque «para poder llegar a un acuerdo de paz duradero, esta delegación debería representar a todas las partes». La división en Kabul debilita al Gobierno frente a una insurgencia reforzada por sus victorias militares sobre el terreno y el pacto con Estados Unidos.
En el transcurso de las largas negociaciones con Washington, la insurgencia tampoco aceptó tener a las autoridades de Kabul en la mesa porque las consideraba «un títere» de las fuerzas extranjeras. El único paso positivo que han dado hasta el momento los insurgentes es el envío de una delegación técnica, compuesta por quince miembros, que estará encargada del supervisar el intercambio de presos que debería arrancar en los próximos días. Según lo firmado en Doha, las autoridades de Kabul deben poner en libertad a 5.000 presos antes de comenzar el diálogo y, a cambio, los talibanes liberarán a 1.000 miembros de las fuerzas de seguridad.
La prioridad para Washington es sacar a sus tropas cuanto antes y cerrar una guerra de 19 años en la que han sufrido 2.400 bajas. Los primeros hombres comenzaron a abandonar Afganistán sin esperar a que se resolviera la situación política en el país. El plan pactado con los talibanes recoge la retirada de los primeros 5.400 hombres, del total de 14.000 que tiene desplegados, en 135 días y de todas las tropas internacionales en catorce meses, pero el coronavirus, no la crisis afgana, ha obligado a variar estos planes y se ha ralentizado la retirada.
