El régimen, sin embargo, se mantiene a flote con el comercio petrolero sobre todo con Rusia, India y la Unión Europea. Según revela la agencia Reuters, que cita fuentes gubernamentales norteamericanas, la Casa Blanca quiere cortar por lo sano la venta de diluyentes a Venezuela, para impedir el tratamiento del crudo que se extrae de sus reservas y forzar un drástico descenso en la exportación comercial del mismo.
Lo relevante es que EE.UU. ejerce presión sobre sus socios, también europeos, aunque el comercio con Venezuela de estos no se vea afectado por las sanciones. A medio plazo, quiere dejar al régimen con la capacidad de importar únicamente diésel y combustible de aviones, ambos exentos de sanciones por razones humanitarias.
En un claro desafío a estas gestiones y al embargo norteamericano, el ministro de Energía ruso, Alexander Novak, dijo este viernes que va a iniciar una ronda de contactos para impulsar la exportación de petróleo venezolano. La venta de crudo en el país cayó de 1,5 millones de barriles antes de las sanciones de EE.UU. a apenas 920.000 tras estas.
