La Asamblea Nacional (Parlamento unicameral) nominó y ratificó al presidente de la República durante una sesión extraordinaria en la que -igualmente sin sorpresas- también designó vicepresidente a Salvador Valdés Mesa, un veterano político y exdirigente sindical de 74 años que ya era número dos del Ejecutivo, informa Efe.
Sin importar quienes son «designados» como presidente y vicepresidente de la República, el pueblo cubano sigue sin decidir quién gobierna el país. La decisión está sujeta a la votación, mediante mano alzada, de los 605 miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) que históricamente, sin fallar una sola vez, ha refrendado unánimemente las designaciones del Partido Comunista (PCC).
Como aseveró Gustavo Alfonso Fariñas, chofer de un taxi privado en La Habana, «el problema de Cuba no es la persona que ocupe el sillón presidencial, sino la continuidad del PCC tras el poder, y mientras este sea el único partido, todo será más de lo mismo en Cuba».
Se desconocen quiénes, o cuántos, fueron los candidatos a optar a ambos cargos, pero el requisito indispensable es ser miembros del PCC y diputado de la ANPP. Un simulacro de ejercicio de democracia promulgado por el régimen con la Ley Electoral de julio de 2019.
Durante los días previos a esta sesión extraordinaria de la ANPP, la policía política arrestó, como parte de un operativo a nivel nacional, a varias decenas de miembros de la sociedad civil entre opositores, periodistas independientes y activistas por los derechos humanos, entre ellos, el expreso de conciencia José Daniel Ferrer, detenido el 1 de octubre, y a quien, según confesaron ante la propia esposa del disidente, no tenían previsto liberar hasta pasar estas elecciones, a pesar de las denuncias de ONGs y políticos, como el republicano Marco Rubio, o el secretario general de la OEA, Luis Almagro.
