El jefe del Estado no convenció al 60% de los franceses, en su mensaje nacional de primeros de año, según un sondeo de BFMTV.
Los últimos sondeos de Ouest-France y una cadena de diarios de provincias anuncian que Agrupación Nacional (AN, ex Frente Nacional, extrema derecha), el partido de Marine Le Pen, sigue cotizándose como el primer partido de Francia, en intenciones de voto, en las próximas elecciones europeas, relegando a un segundo puesto al partido de Macron, La República En Marcha (LREM).
Promesas olvidadas
La CFDT, primer sindicato de Francia, y el MEDEF la patronal, coinciden en un punto: Macron los ha «olvidado» y ha «olvidado» sus promesas de «concertación», tras el estallido de la crisis de los chalecos amarillos, a mediados del pasado de noviembre.
Ese aislamiento nacional del presidente de la República, en su «búnker» personal del palacio del Elíseo, coincide con un aislamiento internacional igualmente llamativo.
La Alemania de Angela Merkel hace meses que no comparte con la Francia de Emmanuel Macron ninguna visión ni proyecto común. La canciller alemana parece más interesada por las maniobras que deben culminar con el nombramiento de una o uno de sus candidatos al puesto de presidente de la Comisión europeas, cerrando el paso a un candidato «macroniano». El conservadurismo alemán espera controlar el futuro del Partido Popular Europeo (PPE), rival de LREM y sus aliados, muy minoritarios, al día de hoy.
Las primeras ambiciones europeas de Macron están muy alejadas de las políticas de todos los Estados de Europa del Este. Italia, antiguo aliado histórico, se ha convertido en un enemigo muy ruidoso.
Al día de hoy, las agendas reformistas de Macron, en Francia y Europa, están parcial o totalmente empantanadas, víctimas de un arco iris de imprevisibles crisis nacionales y europeas.
