«Como ciudadanos, no varía nada», dice rotundo José Manuel Bernabé, director del Centro Español de Metrología (CEM) y máximo responsable de la delegación española en la reunión internacional. «El frutero nos seguirá dando la misma cantidad de manzanas si le pedimos un kilo, por eso no nos debemos preocupar», explica para aquellos que albergan dudas acerca de lo que supondrá este cambio, que por el contrario será un antes y un después para la ciencia y la tecnología, que cada vez precisan de cálculos más exactos. «Podremos avanzar mucho más rápido, porque tendremos mejores herramientas para desentrañar los desafíos que nos proporciona el futuro», concluye.
Como rama académica, donde sí tendrá repercusión la nueva definición del kilogramo (que ahora se llevará a cabo en base a la constante fundamental de Planck y no de una pesa física llamada el «Gran kilo») es en las escuelas y las universidades. «Los chavales tendrán que estudiar de dónde viene y habrá que modificar los libros de texto», señala Bernabé, quien explica que el CEM ya viene manteniendo contactos con editoriales, profesores y el propio Ministerio de Educación para que se tengan en cuenta los cambios, que no solo afectarán al kilo, sino que también redefinirán el amperio (la unidad de corriente eléctrica), el mol (la unidad de la cantidad de materia) y el kelvin (una unidad de temperatura).
«La metrología es la gran desapercibida. Se desconoce mucho de esta ciencia a pesar de que es casi la primera con la que tenemos contacto: de bebés, nada más nacer, nos pasan por la báscula. Por eso es importante que la prestemos atención», señala el responsable del CEM. Quizá a raíz de este cambio histórico, los ciudadanos de a pie tomemos conciencia de hasta qué punto el kilogramo es importante en nuestras vidas.
