La rabia que desatado dicho incidente ha provocado una nueva escalada de las protestas justo después del décimo fin de semana de agitación social contra la ley de extradición a China, suspendida pero no retirada. A los violentos enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes, organizados a modo de «guerrilla urbana», se ha sumado una sentada masiva de tres días en el aeropuerto. Pero, a diferencia de la protesta de este lunes, durante el fin de semana no se bloqueó el aeropuerto, lo que ha desatado el caos en el tráfico aéreo porque es uno de los más transitados del mundo como nudo de comunicaciones en Asia. A las seis de la tarde (doce del mediodía, hora peninsular española), había canceladas 130 salidas y seis llegadas, informa el periódico «South China Morning Post».
Mientras los pasajeros que tenían sus vuelos de salida se han quedado atrapados en Hong Kong, los que acaban de aterrizar no pueden tomar el tren que comunica con la ciudad porque también ha sido tomado por los manifestantes y lo están ralentizando. Tal y como muestran las imágenes que llegan desde el aeropuerto, se han formado colas kilométricas mientras las autoridades intentan facilitar la salida en autobús de los viajeros atrapados.
Tras los violentos choques del fin de semana, en los que ha habido numerosos detenidos y un policía ha resultado herido por quemaduras por un «cóctel Molotov», el régimen chino ha definido las protestas por primera vez como «terrorismo». Tal y como ha explicado el portavoz de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao del Consejo de Estado (Gobierno chino), Yang Guang, «manifestantes radicales han usado armas peligrosas para atacar a la Policía, lo que constituye una grave ofensa criminal y también un signo de terrorismo».
Tras dos meses de protestas, que han derivado en una revuelta contra el autoritarismo del régimen chino, Hong Kong sigue sumido en el caos.
