Los jueces de la Audiencia Provincial de Bielefeld dictaminaron asimismo el internamiento obligado del acusado una vez cumplida la pena máxima, al considerar que el hombre presenta una tendencia a continuar cometiendo delitos graves.
El tribunal considera probado que el hombre envenenó con sustancias peligrosas los bocadillos de sus compañeros de una empresa de la localidad de Schloß Holte-Stukenbrock, en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia (oeste).
Al menos tres colegas resultaron envenenados con plomo y mercurio: dos de ellos sufren daños irreversibles en los riñones, y un tercero se encuentra desde hace dos años en estado vegetativo. La historia se destapó cuando un compañero del condenado descubrió un polvo blanco sospechoso en su bocadillo y lo fotografió.
Las cámaras de videovigilancia instaladas con posterioridad captaron entonces un comportamiento extraño por parte del acusado.
A raíz de este caso se abrieron investigaciones sobre los casos de hasta 21 antiguos empleados de la firma, muertos desde 2000 poco después de jubilarse, de infarto o tras enfermar de cáncer. El condenado no ha revelado hasta el día de hoy los motivos de sus actos.
