Paolo Trancassini, ayuno por la trattoria más vieja de Roma

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La Campana es un templo gastronómico de Roma, no solo por su célebre cocina del Lazio, sino porque lleva a gala ser el restaurante más antiguo de la ciudad e incluso, aseguran, del mundo. A lo largo de sus más de 500 años (permanece abierto desde 1518 en el casco histórico romano), ha sobrevivido a guerras, epidemias e inundaciones del cercano río Tíber. Pero la inmisericorde pandemia que desde principios de 2020 azota al planeta parece a punto de echar al cierre definitivo a una trattoria que es todo un símbolo de resistencia.

Su actual propietario no es un mero restaurador al albur de las decisiones políticas. Es un político profesional que, en su desesperación, ha decidido cerrar la boca a modo de elocuente protesta. Paolo Trancassini (57 años), diputado de Fratelli d’ Italia (Hermanos de Italia), un tipo curtido en mil batallas políticas y empresariales tiene miedo del futuro que el Covid-19 ya está abismando. Así que se ha declarado en huelga de hambre, junto a dos colegas diputados y también restauradores de su mismo partido, para protestar contra la medida del Gobierno de Conte de echar el cierre, a partir de las 6 de la tarde, de las actividades no indispensables, como bares y restaurantes. Un decreto que entró en vigor el pasado lunes. Ese día, Tracassini y sus colegas se encerraron en la cámara de diputados para ayunar. ABC llamó por teléfono al propietario de La Campana con objeto de acordar una entrevista en la misma cámara, pero nos confesó que se encontraba en su casa «inmóvil»: «Sufrí un desmayo la pasada madrugada, en un baño, y me fracturé un pie». Tiene claro que el desfallecimiento no fue por su abstinencia, sino por el sofocón que le ha dado el decreto de Conte.

Familia de restauradores
Abogado, nacido en Roma en el seno de una familia de restauradores, Paolo Trancassini ha sido durante cuatro mandatos un alcalde muy estimado en el municipio de Leonessa, en la región del Lazio. Dos años atrás, fue elegido diputado. Hoy, está más que furioso: «Hay una gran exasperación en el país, que yo también vivo como restaurador. Y pensé que era justo elevar el nivel de la protesta. Una huelga de hambre se comprende en un momento como el actual, porque es un gesto muy fuerte, extremo y, al mismo tiempo, no violento, que permanece en un ámbito democrático».

Trancassini sabe lo que es vivir con el alma en vilo. No en vano, la localidad de Leonessa, de donde es originaria su familia, ha sufrido violentos terremotos desde que fue fundada en 1278; el último, en el año 2017 siendo él alcalde. Sin embargo, dice que teme más al coronavirus, porque «lo que está sucediendo es lo peor que nos podía pasar». Su padre empezó a trabajar en La Campana en 1944, en plena guerra mundial, durante la que el local permaneió abierto, pero hoy todo le resulta incierto. «El miedo cotidiano no es nada comparado con el miedo que produce el futuro, porque en este momento la economía está destrozada».

En las mesas de su trattoria ha servido callos y alcachofas, pasta cacio e pepe, coda alla vaccinara a celebridades de toda clase: escritores, artistas y políticos. Y, mucho antes, por allí transitaron Caravaggio, Picasso, Passolini, Fellini, Callas o Magnani. La Campana encierra todo un universo, el romano, que Trancassini quiere mantener palpitante con una huelga de hambre.