El romance con Trump que pagó muy caro

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Para Nayib Bukele, alfombra roja. En la última Asamblea General de Naciones Unidas presencial, en 2020, Donald Trump le dedicó a su homólogo salvadoreño varias horas para tratar los problemas migratorios y las ayudas humanitarias y militares. Fue el único presidente de Iberoamérica que tuvo este tipo de cara a cara con Trump y Bukele destacó que esto «habla de lo fuerte que se está convirtiendo esta relación». Desde entonces, cuando aquella Casa Blanca tuvo que protestar por los crecientes excesos del salvadoreño -los ataques al legislativo y la entrada en el congreso con militares armados- lo hizo con la boca pequeña, ante el temor de molestar al presidente Trump.

De hecho, las críticas las proferían, cuando lo hacían, «fuentes anónimas» en el departamento de Estado, funcionarios alertados ante la deriva autoritaria de El Salvador que actuaban a su cuenta y riesgo. Todo esto cambió cuando Joe Biden ganó las elecciones, y esta sintonía comenzó a peligrar. Así que Bukele decidió hacer algo. Según reveló en su día la agencia Ap, Bukele se montó en un avión con destino a Washington apenas dos semanas después de que Biden asumiera el cargo, pero la nueva Casa Blanca le dio con la puerta en las narices, y se tuvo que volver a San Salvador sin una sola reunión, ni siquiera de segundo rango.

Después, la diplomacia estadounidense ha criticado ciertos tics autoritarios de Bukele, y se los ha recriminado en público. Tal es la inquina, que el presidente salvadoreño se negó después a recibir al enviado especial de Biden para la crisis migratorio en Centroamérica, que es el origen de los problemas que vive EE.UU. en su frontera con México.