Biden coordina con la OTAN la salida de Afganistán el 11-S

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Volviendo a las viejas costumbres diplomáticas y de seguridad, la nueva Administración estadounidense ha informado debidamente a sus socios de la Alianza Atlántica de sus planes de retirarse definitivamente de Afganistán el próximo 11 de septiembre, unos planes que reveló ayer la Casa Blanca. Los detalles los han ofrecido los secretarios de Estado, Antony Blinken, y Defensa, Lloyd Austin, durante una visita a Bruselas este mismo miércoles. En la reunión también se trató la creciente beligerancia de Rusia en el este de Ucrania.

Según un comunicado del Departamento de Estado, Blinken, jefe de la diplomacia estadounidense, dijo que espera que los aliados se retiren juntos de Afganistán. «Juntos, fuimos a Afganistán a responder con los que nos atacaron y asegurarnos de que no volviera a convertirse en un refugio para terroristas que pudieran volver a atacarnos a cualquiera de nosotros», dijo Blinken. «Y juntos, hemos alcanzado las metas que nos propusimos alcanzar. Y ahora es el momento de traer nuestras fuerzas de vuelta a casa».

Hay aproximadamente 7.000 uniformados de la OTAN todavía en Afganistán, además de 2.500 estadounidenses. La misión comenzó meses después de los ataques terroristas del 11-S, en 2001. Desde entonces, EE.UU. ha amparado a varios gobiernos en situación precaria, pero finalmente se ha resignado a negociar con la guerrilla Talibán, que no ha sido derrotada ni erradicada. El autor intelectual de los atentados, Osama bin Laden, fue muerto en 2011 en Pakistán.

Tensiones con Trump
Esta misión de la Alianza en Afganistán tiene una importancia capital ya que su despliegue marcó la primera vez que invocó su pacto de defensa mutua, cuyo Artículo 5 sostiene que un ataque a un integrante es un ataque a todos.

Al frente de la anterior Administración estadounidense, Donald Trump amenazó varias veces con retirarse de la Alianza, y la calificó de obsoleta e inútil. A sus socios militares, en especial Alemania, los calificó de morosos por no invertir lo suficiente en defensa.

Stoltenberg dijo que la Alianza, que toma decisiones por consenso, dará a conocer sus planes en un futuro próximo. Según Ap, la ministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, dijo que es muy probable que los miembros de la OTAN decidan unirse a EE.UU. para retirar sus tropas antes del 11 de septiembre. «Siempre hemos dicho: entramos juntos, salimos juntos», dijo a la televisión ARD.

Riesgo en Ucrania
Mientras estudia la salida de Afganistán, un nuevo problema acecha a la OTAN: la acumulación de tropas de Rusia en su frontera con el este de Ucrania. Este último país no es miembro de la OTAN, pero aspira a serlo, a pesar de las furibundas objeciones rusas.

Joe Biden habló el martes con su homólogo ruso, Vladímir Putin, y, según ha informado la Casa Blanca en un comunicado, «enfatizó el compromiso inquebrantable de EE.UU. con la soberanía e integridad territorial de Ucrania».

Previamente, y ante la escalada de tensión en Ucrania, el Gobierno de EE.UU. planificó el envío de buques de guerra al mar Negro como advertencia al Kremlin de que no tolerará nuevas incursiones. Turquía confirmó la semana pasada que EE.UU. le notificó que los dos buques de guerra estadounidenses pasarán por el Bósforo hacia el mar Negro estos 14 y 15 de abril y permanecerán allí hasta el 4 y el 5 de mayo.

Mientras, la Armada de EE.UU. efectúa vuelos de reconocimiento en el espacio aéreo internacional sobre el mar Negro para seguir la actividad naval rusa y cualquier movimiento de tropas en la península de Crimea, ocupada por Rusia. Estas nuevas tensiones son la primera prueba importante para la política exterior de Biden, después de un estreno en la Casa Blanca plagado de exabruptos con Rusia.

Choque con Putin
El mes pasado, el Kremlin llamó a consultas a su embajador en Washington después de que Biden definiera a Putin como un asesino y le advirtiera de que pagaría las consecuencias de haber intentado interferir en las elecciones presidenciales de noviembre para beneficiar a Donald Trump. El conflicto en Ucrania llega justo en el punto más bajo de las relaciones entre Washington y Moscú en muchos años, después de que Trump se negara a condenar a Putin por las injerencias en las elecciones de 2016, que investigaron y dieron por probadas tanto el Capitolio como un fiscal especial.

Tras la publicación de un informe de la inteligencia estadounidense que acusa directamente a Putin de haber autorizado una campaña de injerencias digitales en las elecciones para perjudicar a Biden y beneficiar a Trump, Biden fue preguntado en una entrevista por esas injerencias y dijo que Moscú «pagará las consecuencias». Después, a Biden se le preguntó si cree que Putin es un «asesino», tras la persecución y envenenamiento de líderes opositores, incluido Alexéi Navalny Biden respondió que sí, sin repetir la palabra.

Después, Putin autorizó el rearme en Ucrania, justo en un momento en que aumentan las infecciones y muertes por la pandemia de coronavirus y su popularidad se desploma por las acusaciones de corrupción, en especial las de Navalny y sus socios opositores.

El ejército de Ucrania ha dicho a los medios que cree que Rusia ha desplegado 28 grupos tácticos de batallón cerca de la frontera, lo que sumaría entre 20.000 y 25.000 soldados, informa Ap. Rusia también tiene casi 3.000 oficiales e instructores militares en las unidades rebeldes en el este de Ucrania. El ejército ruso sólo ha confirmado que una brigada de asalto aerotransportada, alrededor de 4.000 soldados, se está reasignando a Crimea desde Volgogrado, en el sur de Rusia, este año.