Sobre humillados y ofendidos por @BorjaMedinaM

loading...

Fue Fiódor Dostoievski uno de los más prolíficos pensadores y escritores rusos del siglo XIX. Sus textos se basaron, principalmente, en la psicología humana. En cuya bibliografía se encuentra una obra que, data de 1861, titulada: Humillados y Ofendidos.

Escrita en forma de tragedia, hace un análisis exhaustivo de la sociedad rusa de entonces, donde la vanidad, la soberbia y la codicia eran el fundamento de los encumbrados para ultrajar y denigrar a los subyugados o trabajadores que, soportaban tales vejaciones por la firmeza de carácter que los mantenía fieles a sus principios y, sobre todo, a Dios.

Personajes de ayer y hoy

Entre los personajes principales de dicha novela está el príncipe Valkovski, hombre mezquino, petulante, egoísta y soberbio, poco dispuesto a someterse a una ley moral y que, más bien, dirigía todas sus actuaciones por intereses económicos.

Por otro lado, se tiene a Nicolás Sergueitch Ikmeniev, hombre serio, noble y trabajador, que provenía de una familia distinguida que había quedado en ruinas, pues una noche infausta había apostado todos sus bienes y los perdió. Pero mantuvo firme sus principios y su inconmensurable fe en Dios.

El destacado escritor austríaco Stefan Zweig, que naciera en 1881, es decir, 20 años después de publicada esta obra, se refirió al autor ruso y sus figuras con estas palabras: “Extraños en el mundo por amor del mundo, irreales por pasión de realidad, los personajes de Dostoievski parecen, a primera vista, sencillos”.

 Sin embargo, pese a la complejidad que le atribuye Zweig a los personajes de Dostoievski, los dos antes mencionados de esta novela nos hicieran pensar que solo cambian las personas y sus nombres, ya que todavía hoy vemos sus conductas en igual o mayor intensidad.

 

Desiderata y los valores

“Siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú”, fue una de las frases de Desiderata con la que mi madre nos inculcó la humildad a mis hermanos y a mí.

Por esa y muchas otras lecciones es que nos resultaría incomprensible, insólito e inaudito recibir una ofensa de un amigo, de un conocido o hasta de un desconocido, y mucho menos, proferirla nosotros mismos.

Los estigmas de tipo social y económico del siglo XIX de Dostoievski, son los mismos que hoy, en pleno siglo XXI, pululan en las conductas y actitudes de personas que juzgan desde las marcas del vestir hasta por la cantidad de compromisos o deudas que pueda contraer un individuo. Esas serían las ofensoras y las que, como el príncipe Valkovski, tienen su alma corroída por la soberbia, la envidia, la vanidad y la codicia.

Sería igualmente inaceptable, ver a una persona lanzar improperios a otra, en razón de su capacidad de captación de riquezas o bienes materiales, de su clase social, posición económica o “abolengo”. Pues, en efecto, ninguna de esas condiciones da lugar a la conculcación de valores como la dignidad, el honor y la bondad, los cuales, provienen únicamente de la gracia divina. De estos, solo pueden ufanarse quienes profesan la honestidad, la lealtad, el respeto y el amor sincero.

Desiderata también dice: “Se sincero contigo mismo, en especial, no finjas el afecto y no seas cínico en el amor…”.

Por consiguiente, la hipocresía (característica medular de los opresores que figura Dostoievski) todavía prima en nuestros días como método para humillar. Ya que cuando una persona finge algún sentimiento a otra, se arguye la nula importancia de su existencia, es decir, que hasta el hecho mismo de vivir le da igual, como si estar vivo fuese un asunto puramente estadístico.

Los ofendidos, de buenos sentimientos como Nicolás, pueden combatir tales vejámenes con la templanza que Dios manda, con el amor que su corazón albergue y con la firme convicción de que en sus manos siempre yacerá la virtud, la razón y la verdad.

Así lo plasmó el poeta Salvador Díaz Mirón en su poema, A Gloria, con esta estrofa: “Los claros timbres de que estoy ufano han de salir de la calumnia ilesos. Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!”.

Los ofensores, viles y maléficos como Valkovski, no encontrarán jamás sosiego íntimo y sus ruines acciones quedarán siempre tan sepultadas como el mismo infierno.

En fin, lo que se pretende evidenciar es que con el origen de la humanidad vinieron intrínseca en su propia naturaleza, bajezas como la humillación, la ofensa, la calumnia y la infamia. Y con ellas, personas envidiosas, petulantes y soberbias, que como animales serpentiformes se consumen a sí mismos en la codicia, la vanidad y demás vicios de carácter y personalidad.

Por último, no sería ocioso destacar que, la noche siguiente a la que Nicolás Sergueitch quedo en ruinas, volvió a ganar y siguió ganando toda su vida. Al final, se cuenta que ganó tanto que duplicó las riquezas, no solo de su familia, sino la de todos los potentados que lo habían humillado.

Finalmente, en contraste con todo lo antedicho viene a mi memoria una frase que me enseñara un dilecto primo, que dice: “quien no sabe ofender no admite ofensa”. La misma, ciertamente, no induce a la tolerancia y al perdón, que es lo que debe prevalecer bajo cualquier circunstancia.

Pero, al estudiar a Jesucristo, el Mesías de todos los tiempos, probablemente el ser más escarmentado, humillado y ultrajado que ha estado en la tierra, vemos que lo único que dijo al respecto, encontrándose moribundo en la cruz y alzando su mirada al cielo, fueron estas palabras: ¡Dios mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen!”.

 Así de grande fue su amor por nosotros.

Así de grande es mi respuesta, con esta reflexión, a tan oprobioso mal.

Be the first to comment on "Sobre humillados y ofendidos por @BorjaMedinaM"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*