Prisioneros de la geografía

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Vlad no pierde el tiempo. Para cuando muchos se han enterado por Google Maps dónde en el mundo mundial se encuentra exactamente el estrecho de Kerch, Vladímir Putin ha conseguido escalar todavía más a su favor la ofensiva militar, política y económica desatada hace casi cinco años contra Ucrania. El autócrata instalado en el Kremlin es un oportunista, pero hay que reconocerle cierta persistencia a la hora de aprovechar cualquier fisura, punto débil o cuello de botella geopolítico.

Quizá lo más preocupante de la crisis de Kerch no sean los temores a un todavía mayor enfrentamiento entre Kiev y Moscú, que en el este de Ucrania se ha convertido en uno de esos conflictos enquistados que tanto utiliza el Kremlin para desestabilizar y recrear a costa de sus vecinos siniestras esferas de influencia de su nostálgico pasado imperial. Lo más grave es que los obligados contrapesos -es decir, Europa y Estados Unidos- son incapaces de hacer nada.

Por diversas razones, Occidente sufre de un doloroso problema de cervicales por mirar tanto hacia otra parte. Los europeos parecen estar desbordados con el Brexit, los chalecos amarillos en Francia, la sucesión de Merkel y los monos de Gibraltar. Y en lo que respecta a Estados Unidos, resultan tristemente elocuentes las miraditas de complicidad que Trump dedica a Putin cuando coinciden en algún bolo internacional. Un arrobamiento que resulta de vergüenza ajena incluso dentro de la obsesión trumpista por redefinir lo que es aceptable o inaceptable.

Después de la anexión de la península de Crimea en 2014, el Kremlin persiste con el cierre arbitrario del estrecho de Kerch, que conecta el mar Negro con el mar de Azov. Al pulso que ha degenerado en choques armados se suma el puente recién terminado por Rusia, que actúa como disuasorio obstáculo al tránsito marítimo por su altura de solo 33 metros en perjuicio de las exportaciones ucranianas de grano y acero junto a su flota pesquera. En Kerch, Ucrania lucha no solo por su costa en el mar de Azov sino también por su mermada independencia.