Pekín, sin reunificación «pacífica» con Taiwán

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Es un pequeño detalle pero no ha pasado desapercibido. En su discurso de inauguración de la Asamblea Nacional Popular, el primer ministro chino, Li Keqiang, volvió a apelar el viernes a la unión con Taiwán, la isla separada del régimen comunista y cuya soberanía reclama. Pero evitó la expresión «reunificación pacífica» que, desde hace cuatro décadas, utilizan los gobernantes chinos.

En un régimen donde todo está tan pensado, esta omisión refleja el agravamiento de la crisis con Taiwán, donde la abrumadora reelección en enero de la presidenta Tsai Ing-wen ha vuelto a dar a alas al soberanismo. Reforzada por su victoria y por su éxito contra el coronavirus, que solo ha dejado en la isla 441 contagiados y siete fallecidos, Tsai se mostró abierta al diálogo con Pekín, pero rechazó el modelo de «un país, dos sistemas». El fracaso de dicho principio en Hong Kong, como evidencian las protestas del año pasado, fue lo que impulsó su triunfo electoral. A pesar de su dependencia económica, Taiwán no quiere estar bajo el control del régimen chino, que en 2005 aprobó una «ley antisecesión» autorizando el uso de la fuerza militar si la isla declara formalmente su independencia.