Notre Dame sufre daños irreparables pero salva su estructura tras el incendio

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A las 18.50 horas de ayer estalló en el corazón de la catedral de Notre Dame, una de las cumbres de la arquitectura religiosa de todos los tiempos, uno de los incendios más espectaculares de la historia de París, de Francia y de la Iglesia en Europa.

El fuego empezó a extenderse en los andamios que se sitúan en el exterior del atrio de la catedral, con reformas de restauración en curso desde hace dos años, cuando el arzobispo de París se vio forzado a pedir socorro financiero a muy diversas fundaciones norteamericanas, ya que el Estado y la alcaldía de París afirmaron no poder asumir el costo de la restauración de uno de los monumentos más emblemáticos de la historia cultural y religiosa de nuestra civilización. Su legado cobra hoy una dimensión simbólica trágica que se añade a la material. Tras el incendio, las autoridades temían que Notre Dame pueda sufrir daños irreparables, y los portavoces oficiales de los bomberos confesaron su temor ante la posibilidad de no poder detener la propagación del fuego. Sin embargo, el secretario de Estado del Ministerio francés del Interior, Laurent Núñez dijo que la estructura «está salvada».

Los trabajos de restauración de la catedral, antes de la tragedia, estaban avanzados y se habían convertido en un «espectáculo» turístico. Cuando se desató el incendio, la noticia se propagó por el mundo entero como si las llamas llegaran a cada rincón del país. Más de 400 bomberos y varios helicópteros fueron movilizados con urgencia. Varios centenares de gendarmes, policías municipales y fuerzas del orden acordonaron Notre Dame, en un perímetro de uno o dos kilómetros a la redonda. Una multitud de parisinos y turistas se precipitaron, entre el asombro y la expectación, a los alrededores.

En el puente y la plaza de Saint-Michel, a poco menos de un kilómetro de Notre Dame, gendarmes y policías se vieron forzados a utilizar la fuerza para conseguir el «repliegue» de miles de hombres y mujeres que intentaban llegar hasta la gran explanada de este impresionante monumento.

Desde el Puente de Sain-Michel, entre el Palacio de Justicia y las dependencias de la Prefectura, las llamas de Notre Dame tenían formas inquietantes, que suscitaban suspiros y alientos de emoción, no siempre contenida, entre un público asombrado y atónito. Corriendo, de un lado para otro, gendarmes y policías intentaban prevenir al público de los riesgos que comenzaban a correrse, cuando el viento esparcía las llamas.

Poco antes de las 20 horas, el chapitel, la aguja o flecha de la catedral, comenzó a tambalearse. Las llamas se habían extendido por toda la nave de la catedral, cuya techumbre comenzó a derrumbarse, según varios testigos presenciales. La catástrofe tomaba dimensiones inquietantes. Las torres de la fachada de Notre Dame estaban cercadas por el humo y una de ellas, la norte, finalmente fue alcanzada por las llamas.

En las inmediaciones, numerosos coches de bomberos habían iniciado sus trabajos, intentando contener un incendio a todas luces espectacular, sin precedentes.

A primeras horas de la noche de ayer parecía evidente el origen accidental del incendio. El fiscal del Tribunal de París inició sus primeros trabajos en esa línea, a la espera de poder esclarecer el origen último y alcance previsiblemente devastador del incendio.

El agua, otro peligro
Desde un punto de vista puramente técnico, la antigüedad y fragilidad de una parte del edificio de Notre Dame planteó desde el primer momento temibles problemas de seguridad. Era muy difícil, quizás impensable, recurrir al uso masivo de agua lanzada desde helicópteros. Una técnica de ese tipo corría el riesgo de causar daños irreparables. Los bomberos estaban forzados a trabajan con unas medidas de precaución excepcionales, cuando el fuego pudo propagarse con mayor rapidez.

Mientras los bomberos proseguían su trabajo, las llamas del incendio comenzaron a tomar proporciones cívicas, culturales y diplomáticas de la más alta envergadura. Vincent Neymon, portavoz de la Conferencia episcopal, fue la primera personalidad en reaccionar, muy emocionado: «Está ardiendo uno de los lugares más importantes y simbólicos de la fe católica». Tras el incendio de Notre Dame, la gran iglesia de Saint-Sulpice pasará a convertirse en «catedral provisional», durante Semana Santa y las semanas que vendrán.

En medio de la desolación, la voz del periodista de «Liberation» Nicolas Delesalle aportó un halo de esperanza cuando, citando fuentes de la propia catedral, dijo en Twitter que todas las obras de arte habían sido salvadas. «El tesoro de la catedral está intacto: la corona de espinas y los Santos Sacramentos».

Emmanuel Macron, presidente de la República, suspendió una intervención prevista para las 20 horas de ayer. También canceló toda su agenda política para presentarse en las inmediaciones de la catedral y seguir de cerca los trabajos de los bomberos, en el momento en el que el incendio se había propagado por toda la techumbre de la gran nave central de Notre Dame. Desde su despacho oficial, Édouard Philippe, primer ministro, coordinaba los trabajos de los distintos cuerpos del Estado movilizados en una operación excepcional. Visiblemente emocionado, el presidente Macron hizo un primera y muy breve declaración: «Debemos ser conscientes que está ardiendo una parte capital de nosotros mismos. Pedimos solidaridad con los católicos todos los franceses de diversa sensibilidad. Unidos estamos en la tristeza y tragedia común».

Coste excepcional
A su manera, con cierto pudor contenido, Nicolas Sarkozy, expresidente de la República, insistió en un punto sensible: «De entrada, la evidencia: una inmensa tristeza. Francia ha sido tocada en su identidad, en su historia. Debemos compartir la misma pena con los católicos de Francia. Debemos movilizarnos para intentar ayudar a la reconstrucción de Notre Dame».

La reconstrucción de Notre Dame tendrá un costo financiero excepcional, que requerirá medidas presupuestarias igualmente excepcionales. Las imágenes de Notre Dame ardiendo se transformaron pronto en un acontecimiento mundial. Desde Washington, Melania Trump aseguró que su corazón estaba roto. «Todos debemos rezar con los parisinos», añadió. Desde Bruselas, Donald Tusk se pronunció en nombre de toda Europa: «Notre Dame de París es Notre Dame de toda Europa. Toda Europa está hoy con París». Angela Merkel, Theresa May, dirigentes de toda Europa y América se apresuraron a enviar mensajes de emoción y solidaridad.

En las inmediaciones de la catedral, hasta donde era posible aproximarse, hasta bien entrada la noche de ayer, se escuchaban relatos de emoción y solidaridad. Richard Frase, un padre de familia, que esperaba escuchar una misa cantada, en Notre Dame, este Jueves Santo, comentaba: «Esperábamos compartir nuestra fe con otros hombres de buena voluntad». Numerosas personalidades la cultura y la arquitectura subrayaron la doble dimensión histórica y simbólica, comparada con algunos bombardeos de edificios religiosos durante las dos grandes guerras mundiales del siglo XX. Quizá se trate de un jalón simbólico en la historia de Francia y Europa.