La madre de la niña esclava yazidí testificará en el juicio en Alemania

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Un equipo de seguridad la acompaña día y noche. Su abogada insiste en que ya está en Alemania pero no concederá entrevistas y su paradero concreto se guarda en el más estricto secreto por motivos de seguridad. Nora R. es el testigo clave en el primer juicio por crímenes de guerra contra la minoría yazidí en Siria y que políticamente juega un papel en la precampaña alemana de cara a las elecciones europeas, visibilizando que la relación entre refugiados y criminalidad es una falacia y que los propios alemanes son capaces de los crímenes más crueles.

Jennifer W., alemana de 27 años y procedente del estado federado de Baja Sajonia, es acusada por la Fiscalía de Múnich de asesinato por omisión y violación de la ley de armas. Se la considera culpable de no haber evitado la muerte de una niña de cinco años, comprada como esclava junto a su madre y que fue castigada a permanecer atada a un poste en plena canícula por haberse hecho pis en la cama. El autor del castigo fue su marido pero, según los fiscales, Jennifer W. no hizo nada para impedirlo. El caso es que todo el caso estaba basado en una grabación no autorizada realizada en un coche por un agente de los servicios secretos que se hacía pasar por un conductor dispuesto a llevar a la acusada de vuelta a Siria desde Alemania, cuando era uno de los cientos de alemanes vigilados por sus viajes de ida y vuelta a l Yihad. Su validez ante el tribunal era muy discutible y el caso no cobró fuerza hasta que apareció la testigo, milagrosamente localizada por Yazda, una organización no gubernamental que lucha por hacer justicia por los crímenes cometidos contra los yazidíes. Nora R. es la madre de la niña de cinco años, que habría asistido impotente a su muerte por deshidratación. La principal dificultad reside en la comprobar su identidad, puesto que todo esto sucedió en Siria en 2014 y no está claro dónde ha estado la testigo desde entonces.

Lo que sí parece probado es que a finales de agosto de 2014, Jennifer W. viajó a Siria a través de Turquía e Irak sumarse al autodenominado Estado Islámico. Entre junio y septiembre de 2015, participó en la militancia en Faluya y Mosul, ciudades iraquíes en la que fue miembro de la policía moral en defensa de la Sharia, haciendo cumplir en las calles las normas de vestimenta y comportamiento del islamismo radical entre las mujeres, portando un kalashnikov, una pistola y un chaleco con explosivos a cambio de un sueldo mensual de entre 70 y 100 dólares.

El caso de una alemana luchando por la yihad no es aislado. El Daesh se sirve de internet y las redes sociales para radicalizar jóvenes en toda Europa y los servicios alemanes de inteligencia calculan que desde 2013 han viajado unas 1.050 personas desde Alemania las zonas de conflicto en Siria e Irak con la intención de sumarse a la yihad. De ellas, un tercio aproximadamente retornó. Entre los que siguen allí hay unas 270 mujeres y niños alemanes o nacidos de padres con pasaporte alemán. El 75% de esos niños tiene menos de tres años, por lo que se deduce que nacieron en las regiones controladas por los grupos terroristas islámicos. Soufan Group calcula unos 5.000 procedentes de toda Europa. España admite medio centenar de casos, con redes de reclutamiento activas especialmente en Ceuta y Melilla.

El hecho de que los crímenes sucedan en otro país, con el que no existe cooperación judicial fluida, dificulta en extremo los juicios en territorio europeo y los criminales siempre pueden hacer valer su pasaporte para retornar a la país de origen, obligado a aceptarlos. Recientemente, la gran coalición que gobierno en Berlín ha llegado a un acuerdo para retirar la ciudadanía a los alemanes que se unan al grupo terrorista Estado Islámico (IS), que tengan una segunda nacionalidad y que sean mayores de 18 años. No se aplicará de forma retroactiva, por lo que Alemania aceptará el retorno de los que ya han sido tomados como prisioneros y Estados Unidos quiere devolver a sus países de origen. De los 800 yihadistas presos en Siria que el presidente estadounidense, Donald Trump, quiere repatriar a sus países de origen para evitar que sean finalmente liberados, unos 40 podrían tener pasaporte de la República Federal de Alemania.

El juicio contra Jennifer W. sentará un definitivo precedente y emitirá un mensaje dirigido a los yihadistas de nacionalidad alemana: sus crímenes ya no quedarán impunes. El hecho de que la víctima sea una indefensa niña de cinco años condenada a una muerte lenta y despiadada ha servido para volcar en el proceso la atención mediática de todo el continente y el testimonio de la madre resulta imprescindible para que culmine con la máxima pena.