«Kamikazes» de la ciencia: los investigadores que hicieron experimentos con su propio cuerpo

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¿Qué tienen en común Henry Head, Michael Smith, Nathaniel Kleitman, Werner Forssman, Jonas Salk, Alain Bombard o John Stapp? Todos estos científicos decidieron investigar sobre ellos mismos arriesgando sus propias vidas.

Henry Head (1861-1941) fue un científico británico famoso por sus estudios neurofisiológicos y neuroanatómicos. Sus experimentos se centraron especialmente en el control del dolor y sus innovaciones en este campo propiciaron que se le conozca como el «padre de la nocicepción».

Head no estaba satisfecho de las respuestas que le daban los pacientes que sufrían una sección nerviosa, para su gusto en ellas había demasiadas ambigüedades. Por este motivo no dudó en dejarse seccionar el nervio radial y poder experimentar esas sensaciones en primera persona.

El ensayo tuvo lugar a finales de abril de 1903. Un cirujano amigo suyo fue el encargado de unir los dos extremos del nervio radial inmediatamente después de seccionarlo.

Dolorosos picotazos de abeja
No menos arriesgados fueron los experimentos de Michael Smith, un científico de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), que se preguntaba si el lugar en el que pica una abeja influye en el dolor que produce.

En su investigación Smith se hizo picar en 25 partes diferentes de su anatomía –incluida la zona genital– durante 38 días consecutivos. ¿La conclusión? El punto más doloroso, al menos para él, es el orificio nasal.

180 horas sin dormir
Uno de los primeros científicos en estudiar la fisiología del sueño fue Nathaniel Kleitman (1895-1999), el descubridor del sueño REM. En 1932, junto con uno de sus ayudantes, se pasó más de un mes en Mamoth Cave (Kentucky, Estados Unidos), a más de 40 metros de profundidad, el motivo no era otro que cambiar su patrón del sueño y adoptar días de 28 horas.

La verdad es que no lo consiguió. Kleitman se resarció al mantenerse despierto durante 180 horas y experimentando los efectos de la privación del sueño.

Auto-cateterismo
Los cateterismos cardiacos se han convertido en una prueba bastante habitual en la medicina occidental, pero lo que muchos no saben es que el pionero en este tipo de estudio fue un médico alemán llamado Werner Forssmann (1904-1979).

Mientras trabajaba en el hospital de Eberswalde (Alemania) se realizó una incisión en la vena antecubital de su brazo, introduciendo un catéter urinario dentro de su aurícula derecha. A continuación caminó hasta el departamento de radiología del centro, donde una radiografía constató el éxito del primer cateterismo cardiaco humano. Corría el año 1929. Esta heroicidad lejos de un reconocimiento por parte de sus compañeros le supuso el despido inmediato del centro.

Náufrago voluntario
El biólogo francés Alain Bombard (1924-2005) en más de una ocasión fue portada de periódicos al unir ciencia y viajes extremos. A bordo de un bote salvavidas –sin reserva de agua ni alimentos– realizó varias travesías con la única intencionalidad de poder ayudar, desde un punto de vista científico, a los verdaderos náufragos.

Bombard realizó una primera travesía marítima entre Mónaco e Islas Baleares, a las que siguieron Casablanca-Islas Canarias y, la más arriesgada de todas, desde las Islas Afortunadas hasta Las Antillas.

De 0 a 1.800 en cinco segundos
No menos osado fue John Stapp (1910-1999), investigador médico de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y pionero en los estudios de aceleración y desaceleración del cuerpo humano.

En la década de los 40 del siglo pasado, en el desierto de Nuevo México –atado a un asiento en una lanzadera– alcanzó la velocidad de 1.800 Km/h en cinco segundos, para luego detenerse en 1.4 segundos –soportando una aceleración 40 veces superior a la de la gravedad-.

Es fácil comprender que, después de experimentos como éste, Stapp encabezase la propuesta de utilizar cinturones de seguridad en los coches convencionales.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación