Inquietud, cólera e incluso suicidios: cómo afectan los cambios meteorológicos a nuestro cerebro

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En el lenguaje popular identificamos elementos meteorológicos reales con enfermedades corporales o males ilocalizables, desde un punto de vista orgánico. Así, hablamos de un «mal aire», «viento en la cabeza», «le dio la ventolera»… Y, de hecho, los factores meteorológicos que más afectan a los seres humanos son el viento, las precipitaciones, las tormentas eléctricas, la presión atmosférica, la humedad, la ionización ambiental y las variaciones súbitas de temperatura.

En este sentido, la biometeorología médica es la disciplina encargada de investigar la influencia de estas variaciones estacionales en la salud, no únicamente en la física, sino también en la psíquica. Estas alteraciones podrían denominarse meteoropatías, esto es, patologías que se agravan con los cambios meteorológicos.

A pesar de que estamos ante una ciencia joven que apenas ha dado sus primeros pasos, ya en el siglo V a.C Hipócrates, el padre de la medicina, advirtió que los médicos debían considerar los efectos de cada estación del año, así como los vientos y las peculiaridades de cada región, en la salud de sus pacientes.

En nuestro país, hace ya algún tiempo, un grupo de médicos del Hospital Psiquiátrico Universitario Institut Pere Mata de Tarragona señalaron la relación que existe entre la temperatura y el número de ingresos hospitalarios. Estos galenos constataron que a partir de los 26ºC aumentan de forma considerable la hospitalización por patología psiquiátrica. Así mismo, objetivaron la existencia de una cierta estacionalidad, con una mayor tendencia a sufrir episodios maniacos en los meses estivales, y cuadros depresivos durante el invierno.

En el Hospital del Mar, en Barcelona, un estudio científico demostró que los episodios de pánico son tres veces más comunes cuando hay viento cálido de poniente en la ciudad, procedente del oeste.

Personas meteorosensibles
En base a estos y otros estudios, los biometeorólogos clasifican a los pacientes en tres grandes grupos, en función de cómo les afecta la masa de aire y su predisposición. En un grupo se produce un empeoramiento de un estado depresivo latente, los pacientes tienen déficit de atención y mayor ansiedad. Un segundo grupo tiene respuestas de conductas violentas, irritabilidad y agresión. Por último, en el tercero estarían incluidas aquellas personas que aquejan migraña ante la llegada de un frente.

Estas alteraciones se producen como consecuencia de variaciones en la polaridad y la intensidad de carga iónica atmosférica, que altera la actividad de los neurotransmisores cerebrales.

Efecto foehn
Se conoce como efecto foehn a un efecto termodinámico que se produce en relieves montañosos cuando una masa de aire entra en contacto con cadenas montañosas, provocando el brusco calentamiento del aire al descender por la ladera opuesta a la dirección del viento. De esta forma, en la ladera de barlovento hay lluvias y aire frío y húmedo, mientras que en la de sotavento el aire es caliente y se acompaña de una sequedad importante.

Diferentes estudios han asociado este efecto con la aparición de estrés psíquico y la aparición de migrañas, especialmente en la población suiza. Un grupo de investigadores polacos fue más allá y demostró, al analizar los casos de suicidio ocurridos en Cracovia entre 1991 y 2002, que la probabilidad de que hubiera un intento autolítico se elevaba en casi el cincuenta por ciento en los días con efecto foehn.

Para finalizar, un giño cinematográfico. En una escena memorable de la película «Volver», de Pedro Almodóvar, el personaje Raimunda, interpretado por Penélope Cruz, afirma: «¡Es el viento…! ¡El maldito viento solano, que saca a la gente de quicio!».

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación
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