Internacionales

Published on octubre 8th, 2018 | by AFP

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El revés de Morales en La Haya pone a Bolivia en estado preelectoral

Evo Morales necesitaba una
victoria
en La Haya para que su acto dictatorial de presentarse una vez más a la reelección, en las presidenciales del próximo año (a pesar de lo que dice la Constitución y del rechazo a tal posibilidad en un referéndum de hace dos años), fuera aceptado con suavidad por una mayoría de bolivianos. Le hubiera bastado incluso que esa Corte Internacional de Justicia, que el pasado 1 de octubre rechazó la petición de Bolivia, hubiera asumido alguno de los 14 requerimientos incluidos en la demanda que el Gobierno boliviano había presentado contra Chile para reabrir la histórica disputa con ese país por la pérdida de su acceso al Pacífico.

Que había una finalidad sustancialmente electoralista en esa demanda, presentada ante la Corte en 2014 y ahora resuelta, lo indica la forma con que el Gobierno de Morales la redactó. La demanda no iba al fondo del problema (no cuestionaba la soberanía que Chile ejerce sobre la franja costera que Bolivia perdió en la Guerra del Pacífico, que tuvo lugar entre 1879 y 1883), ni abordaba la cuestión de modo completo (no incluía a Perú, el tercer litigante en aquella guerra y al que los tratados internacionales le otorgan también voz y voto en este asunto).

La demanda únicamente pretendía que la Corte obligara a Chile a sentarse a «negociar» un arreglo pactado, algo que en La Paz pensaron que sería más fácil de aceptar por parte de ese tribunal, dado que Bolivia renunció al mar en el Tratado de Paz y Amistad firmado con Chile en 1904. Electoralmente, a Morales le bastaba que la Corte hubiera trasladado a los chilenos esa «obligación», aunque en realidad el Gobierno de Sebastián Piñera podría haber luego desoído la invitación. Pero la Corte le dijo «no» incluso en eso.

Recurso de las dictaduras
«A Morales le salió el tiro por la culata», afirma Carlos Sánchez Berzaín, exministro de Bolivia, director ejecutivo del Instituto Interamericano para la Democracia y la voz opositora más destacada en el exilio. «Los bolivianos llevamos en la sangre la reclamación del mar; la pérdida del acceso al Pacífico es algo que todos aprendemos desde niños, es como la leche materna», explica.

Por eso, a pesar de que el derecho internacional está básicamente de parte de Chile, «todas las dictaduras en Bolivia han invocado esta cuestión, para contar con el apoyo del pueblo, cuando han tenido problemas para mantenerse, según Sánchez Berzaín. «También Morales, cuando vio que su estrella iba a declinar, que sus socios se dirigían al naufragio [Venezuela, Nicaragua] y que la economía apuntaba a una caída decidió recurrir a este asunto como estrategia para sostener el régimen».

Bolivia presentó la demanda en 2014 cuando aún el peso de los países del ALBA, la internacional bolivariana, era fuerte en la región, pues además contaba con la ayuda de la Argentina de Kirchner, el Brasil de Lula-Rousseff y de la multitud de islas caribeñas beneficiadas por el petróleo venezolano. Todo ese «sindicato político», en palabras de Sánchez Berzaín, junto con las simpatías también de países como Rusia, China, Irán y algunas naciones árabes, dieron la impresión de que la demanda de Bolivia era imparable, de forma que el propio Gobierno de Chile llegó a temer una sentencia contraria a sus intereses.

El pueblo de Bolivia también creyó que iba a ganar, pues qué institución internacional no va a recomendar que dos países se sienten para dirimir negociadamente sus diferencias. El chasco y el sentido de derrota ha sido grande entre los bolivianos.

Plan B: Mesa candidato
Todo indica que el Plan B de Morales ha sido utilizar al expresidente Carlos Mesa para «normalizar» su propia candidatura electoral. Hace unas semanas Morales anunció que amnistiaba a los expresidentes Mesa y Tuto Quiroga, a los que él mismo había hecho condenar tiempo atrás, de modo muy cuestionable, por asuntos administrativos. Morales justificó ese perdón por la conveniencia de contar con Mesa y Quiroga en la defensa de los intereses de Bolivia ante La Haya.

Mesa acaba de anunciar que se presentará a las elecciones presidenciales del próximo año, dando validez a un proceso que la oposición en bloque podría haber desautorizado si Morales huye hacia adelante y vuelve a ser candidato. Mesa probablemente piensa que dados los crecientes signos de complicación económica y de malestar popular con Morales, podrá ganarle las elecciones al actual presidente. Subestima la capacidad de manipulación de un bolivarianismo empeñado en perpetuarse en el poder.

Si ahora no se hace valer la prohibición legal de que Morales vuelva a ser candidato en 2019, ya no habrá razones para impedirlo en 2023.

El autor es director del centro de estudios estratégicos Global Affairs de la Universidad de Navarra


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