El Kremlin desactiva el apoyo al periodista Golunov para evitar una protesta permanente

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La manifestación convocada hoy en Moscú exigiendo la libertad de todos los presos políticos en Rusia y castigos ejemplares para los policías corruptos que pretendían haber amañado una causa criminal contra el periodista de investigación ruso, Iván Golunov, presentándole como un vulgar traficante de estupefacientes, no ha logrado ser una gran concentración de masas. Pese a que participaron varios miles de personas.

La Policía lo ha impedido cortando calles enteras, aislando y atomizando a los manifestantes y, sobre todo, practicando más de 400 detenciones, entre ellas las de varios periodistas rusos y extranjeros y la del opositor número uno de Rusia, Alexéi Navalni.

Ha habido también alguna que otra carga policial violenta y varios aporreamientos gratuitos de personas que no ofrecían ninguna resistencia y que incluso parecía que simplemente pasaban por allí sin haber dado muestras visibles de estar protestando.

De hecho, en la manifestación de hoy no hubo pancartas. Más bien algún pequeño cartel que repetía varias de las consigna más coreadas: «¡Abajo el Estado policial!» y «¡Libertad para los presos políticos!». También se gritó «¡Somos Iván Golunov!», palabras que también figuraban en algunas camisetas según el modelo de las portadas solidarias con las que aparecieron el lunes los rotativos rusos Védomosti, Kommersant y RBK.

El gran impulso que en los últimos días adquirió el movimiento de solidaridad con Golunov, que terminó siendo puesto ayer en libertad y al que se le han retirado los cargos por «tráfico de drogas», pretendía haberse convertido en una protesta permanente y multitudinaria para arrancar otras concesiones al Kremlin y avanzar hacia una Rusia más «libre y democrática», según palabras del antiguo patrón de la petrolera Yukos, Mijaíl Jodorkosvki, ahora exiliado y creador de la ONG Rusia Abierta.

Pero las autoridades rusas, por ahora, han sabido maniobrar y desactivar la amenaza que sobre ellas se cernía. Con los índices de popularidad del presidente Vladímir Putin en descenso, la economía en franco deterioro, protestas puntuales por la escasez de vertederos de basura y tras el éxito en Ekaterimburgo de la movilización ciudadana para impedir la construcción de una iglesia en mitad de uno de los principales parques de asueto de la ciudad lo que ya no se podían permitir es que aumentara todavía más la indignación popular ante un claro caso de abuso y arbitrariedad policial del que todo el mundo se ha percatado.

La primera medida para evitar que hoy la manifestación hubiera sido masiva fue cerrar el caso a Golunov y, tras autorizar en un primer momento la celebración del acto, se prohibió después al no haberse alcanzado un acuerdo sobre el itinerario de la marcha. Los organizadores insistieron en finalizar la manifestación frente al departamento moscovita del Ministerio del Interior, en la calle Petrovka, 38, en donde estuvo Golunov detenido antes de ser confinado en arresto domiciliario y en donde se llevaron a cabo las diligencias contra él.

Pese al aluvión de arrestos y los abundantes casos de violencia policial injustificada, los antidisturbios no se emplearon hoy a fondo como suelen hacerlo habitualmente. Se ha intentado dar un imagen de firmeza ante la oposición, pero sin excesos que puedan atizar de nuevo las críticas contra las fuerzas de seguridad. Muchos de los detenidos han empezado ya a salir de las comisarías. Mientras, Putin felicitaba a la Nación con motivo del Día de Rusia y llamaba una vez más a fortalecer el patriotismo. El domingo 16 está prevista otra marcha y esta vez sí ha sido autorizada por el Ayuntamiento moscovita.