Dando tiempo al asesino

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Dice Nicolás Maduro que en Venezuela no hay crisis humanitaria. Lo sabía Íñigo Errejón: en Venezuela comen tres veces al día y las colas son por voracidad consumista. El protector de Errejón y protegido de Zapatero asegura que no va a permitir que entre ni un camión de alimentos y de medicinas que ya llegaron a los pasos fronterizos. Los ha bloqueado con contenedores. Dice Maduro que todo eso de la crisis humanitaria es un «show», un circo organizado por Donald Trump y Luis Almagro para entrar con tropas a derribarle.

Hasta el más fiel chavista venezolano y el más furibundo comunista occidental sabe que Venezuela sufre ahora uno de los peores dramas humanitarios de las últimas décadas en el mundo. Más de tres millones han huido a pie a otros países vecinos para no morir de hambre, literalmente. En los pueblos y ciudades, en plazas y hospitales de todo el país mueren a diario cientos de venezolanos, de debilidad y de enfermedades evitables. Se dan escenas dantescas de disputas por restos putrefactos en las basuras. Pues no se oye a las ONG españolas ni europeas denunciar la infinita crueldad de este dictador que condena a su pueblo a morir cuando tienen el remedio a pocos kilómetros y horas.

Virgilio Jiménez Urbina murió el miércoles a los 20 años en la cárcel de Uribana, donde llevaba 15 meses sin juicio por protestar contra Maduro. Murió de enfermedades contraídas en la celda. Virgilio simboliza a miles de venezolanos que estarían vivos si Zapatero y otros cómplices no hubieran salvado a la dictadura con la estafa del diálogo que inventaron para violar los resultados electorales del 6 de diciembre de 2015. Ahora, la despreciable falta de apoyo de los países europeos con los estados americanos para una rápida acción y aislar totalmente a Maduro va a dar tiempo a que mueran muchos más. Por cobardía y miedo al conflicto, por miserable complicidad socialdemócrata con el chavismo y su amo en La Habana, los europeos están boicoteando la ofensiva contra Maduro. Prolongan la tragedia. Y se cubren, una vez más, de oprobio, culpa.