China aumenta su gasto en defensa un 6,8 por ciento pese a la pandemia

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A pesar de los recortes por el coronavirus, que ha dañado a la economía y obligado a unos gastos adicionales astronómicos para controlar la epidemia, China incrementará este año su presupuesto militar un 6,8 por ciento. Así lo anunció ayer el primer ministro, Li Keqiang, en su discurso de apertura de la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico del régimen.

Con una partida en Defensa que ascenderá hasta los 1,3 billones de yuanes (175.000 millones de euros), es una subida solo dos décimas mayor que la del año pasado, cuando experimentaron su menor incremento desde 1989 mermados por el impacto del coronavirus. Aun así, se trata de un aumento notable y superior al 6 por ciento que pronosticaban algunos analistas. Pero es que Pekín tiene abiertos numerosos frentes con sus vecinos, que van desde la reclamación de Taiwán hasta las disputas territoriales con Japón, la India y en el mar del Sur de China. En medio de la creciente tensión internacional, que se disparó con Estados Unidos durante la presidencia de Trump, el régimen no se olvida de su principal pilar, el Ejército, pese a haberse gastado 51.700 millones de euros en atajar el coronavirus. En 2019, el gasto en Defensa chino suponía el 1,9 por ciento del PIB.

Según informaba en enero el periódico Global Times, altavoz del Partido Comunista, este año estará terminado el tercer portaaviones de China, que será mayor que los dos anteriores y entrará en servicio en 2024 o 2025. A este buque, que de momento se denomina Tipo 003, se suman el bombardero H-20 y los cazas J-31 invisibles al radar. Además, el Ejército ha multiplicado sus maniobras en el mar del Sur de China y en el Estrecho de Formosa, con sus aviones invadiendo en repetidas ocasiones la zona de exclusión aérea de Taiwán.

Frente a las subidas del gasto militar de hasta el 18 por ciento hace más de una década, su incremento medio fue del 9,1 por ciento entre 2010 y 2019. Oficialmente, la partida de Defensa representa solo un 1,3 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), muy por debajo de EE.UU. y Rusia y la mitad de la media global. Pero numerosos expertos sospechan que los gastos militares de China son hasta un 40 o 50 por ciento mayores porque estas cifras no incluyen programas clave como el tecnológico o el espacial.

Once millones de empleos
Junto al presupuesto en Defensa, otro de los datos más esperados de la Asamblea Nacional fue el objetivo de crecimiento económico para este año, fijado en «más del 6 por ciento» por Li Keqiang. Aunque esta es la cifra que el régimen considera necesaria para generar empleo en un país tan poblado como China, en realidad se trata de una meta modesta porque la previsión es que el Producto Interior Bruto (PIB) rebote en 2021 hasta el 8 por ciento tras el coronavirus. Al margen de que se consiga o no, y con independencia de la fiabilidad de los datos chinos, el objetivo es crear once millones de empleos urbanos para mantener el crecimiento y la sacrosanta estabilidad social.

Para fomentar la economía, el primer ministro anunció nuevas reducciones de impuestos a la pequeña y mediana empresa y volvió a abogar por el comercio global. Tras el acuerdo de inversiones firmado con la Unión Europea y la constitución en Asia-Pacífico de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP, en sus siglas en inglés), Li propuso «acelerar las negociaciones de libre comercio con Japón y Corea del Sur». Con Estados Unidos, apostó por mejorar las relaciones tras la marcha de Trump para alcanzar «una coexistencia pacífica y un desarrollo común», pero no mencionó como el año pasado la Fase 1 del acuerdo suscrito para poner fin a la guerra comercial.

Consciente de los retos externos a los que se enfrenta China, cuya imagen ha quedado muy deteriorada por la ocultación inicial de la pandemia y su impacto económico y en vidas humanas en todo el planeta, Li reconoció también las principales dificultades domésticas. Entre ellas destacan un consumo interno y una inversión privada que no acaban de despegar por las incertidumbres que todavía plantea el coronavirus, que amenazan a los pequeños y medianos empresarios y lastran la creación de empleo.

Para superar tales retos, abogó por la innovación tecnológica, una de las claves del nuevo Plan Quinquenal (2021-2025) que aprobará la Asamblea durante la semana que dura. Con un aumento del 10,6 por ciento en el gasto público en esta materia, Pekín pretende que la inversión en investigación y desarrollo (I+D) suba cada año al menos un 7 por ciento durante el próximo lustro. Su objetivo: dejar de depender de Occidente en sectores tecnológicos clave como el de los microchips.

Además, Li Keqiang avanzó que la edad de jubilación, que ahora está en 60 años para los hombres y 55 para las mujeres, se alargará para hacer frente a las pensiones en el futuro, que exigirán un «apropiado índice de fertilidad» por el envejecimiento de la población y la reducción de la natalidad.